En la Alemania Nazi, investigaciones militares avanzadas revelaron que las cantimploras resultaban molestas e incómodas al tiempo que poco estéticas. Siempre se abollaban, ya se estuviera en las trincheras o en el cuartel general de Hitler.
Ralph von Schüberhauer, joven promesa de la ingeniería industrial bávara, descubrió, un tres de febrero de 1941, un hecho que había de cambiar para siempre el curso de la historia del almacenaje de líquidos. Al juntar el dedo índice y pulgar y mantener los demás rectos para arriba, conseguimos la forma de una d minúscula. Os vamos a dejar unos segundos para que lo comprobéis (si lo hacéis con la otra mano, saldrá una b).

Schübernhauer trabajando en su método
Acto seguido, von Schüberhauer se llevó el círculo trazado por los dedos a los labios, ejerciendo una violenta presión sobre éstos. Una vez en esta posición, emitió un sonido gutural que hacía aproximadamente así: "uuuuuur". Mantenido durante 12 minutos a un volumen molesto, este sonido provoca la formación de un pequeño delta en la desembocadura del Danubio. Desde febrero de 1941 a mayo de 1943, Ralph creó 17 deltas con su ecosistema compuesto de ratas, truchas, líquens y vampireques. Ante tal diversidad biológica, la UNESCO decidió crear el Premio von Schüberhauer al mejor proyecto ecológico con vistas al mar.

Von Schüberhauer murió en 1971 rodeado de un pequeño grupo de seguidores incondicionales que se lo comieron para tener menos hambre.
Epílogo: los deltas creados mediante el método fueron adquiridos por Nestle y reconvertidos en inmensos centros de producción en cadena de elefantes de papier maché para la cadena comercial Natura.